

Cuando se pregunta acerca del atractivo turístico o viajero de la provincia de Ávila, pocas personas dudan en afirmar que lo tiene, y en gran medida, basándose esa afirmación por lo general en el alto nivel como destino que tiene la capital de la provincia, Ávila, y también en el atractivo con el que cuentan diversos pueblos de la provincia por lo general ubicados en el entorno de las dos sierras que tienen presencia en la misma: la Sierra de Guadarrama (en cuyo entorno se sitúan pueblos como El Tiemblo, El Barraco, Cebreros o Guisando, entre otros) y la Sierra de Gredos (en cuyo territorio, o al menos en cuyo ámbito de influencia, se encuentran municipios como El Barco de Ávila, Navaluenga, Candeleda o Arenas de San Pedro, por solo mencionar algunos). Sin embargo, quizás por esa menor presencia de unas montañas que sin duda siempre ayudan a embellecer el paisaje y a hacer más atractivos los pueblos de su entorno, en el norte de la provincia permanecen un tanto olvidados e ignorados por las guías turísticas, una serie de pueblos que, no obstante esa presencia en lo que ya es la llanura castellana, presentan también un alto atractivo, aunque sea por otros motivos. Se trata de una serie de pueblos pertenecientes a la comarca de La Moraña, una región natural e histórica cuyo nombre parece provenir de la alta presencia de población mora durante ciertas etapas de la historia de España.
En primer lugar destaca el pueblo que es capital de la comarca (de hecho, con frecuencia la comarca de La Moraña es también conocida como Comarca de Arévalo) y que, al menos, a veces sí aparece en esas listas de los pueblos más bonitos o atractivos de Ávila, que es Arévalo, una localidad que cuenta con un imponente castillo que se asoma a la carretera A6, que hunde sus orígenes en el siglo XI y que, flanqueado por los ríos Adaja y Arevalillo, ha servido como fortaleza, como prisión, como cementerio y, en la actualidad, como museo. Además, Arévalo cuenta con los restos de lo que fue la muralla que junto con el castillo ayudaba a defender la ciudad, con una atractiva Plaza de la Villa (que está porticada y en la que sen encuentran diversos edificios históricos) y con varios palacios merecedores de una visita, aunque solo sea para apreciar su exterior. Adicionalmente, es uno de los mejores lugares de Castilla y León para apreciar arte mudéjar —principalmente a través de sus iglesias— y, quizás por su cercanía a una provincia de Segovia a la que muchas personas creen que pertenece (también hay otras que creen que pertenece a Valladolid, por su cercanía a Olmedo y a Medina del Campo), es un lugar excelente para degustar el famoso cochinillo asado.

Aunque ya de mucho menor tamaño que Arévalo, y mucho menos conocido que este, quizás el siguiente pueblo que destaca en la comarca es Madrigal de las Altas Torres, nada más y nada menos que el lugar de nacimiento de una de las personas más influyentes en la historia de España —y aún del mundo—, como es Isabel la Católica. Las murallas de la localidad, que datan del siglo XIV resultan imponentes desde la lejanía, cuando apenas nos estamos acercando al pueblo, ya que se conserva una gran parte de las mismas, llamando la atención su estilo mudéjar que la convierte en una especie de rara avis dentro de este tipo de construcciones defensivas. Además de la muralla, en la localidad destacan las iglesias de San Nicolás de Bari y de Santa María del Castillo —ambas, de nuevo, de un estilo mudéjar que, como se puede comprobar, predomina en la comarca—, y otros dos edificios religiosos: el Monasterio de Nuestra Señora de Gracia, que precisamente fue el lugar en el que nació Isabel la Católica, y el Convento de los Agustinos, del que hoy solamente quedan las ruinas, que no obstante son Bien de Interés Cultural.


No lejos de Madrigal de las Altas Torres se ubica la pequeña localidad de Fontiveros, que sobre todo destaca por ser el lugar de nacimiento de otro personaje relevante, en este caso de las letras, como es San Juan de la Cruz. Una pequeña iglesia que fue construida precisamente en el lugar en el que nació el escritor místico indica el lugar que ha hecho famoso al pequeño municipio, que además homenajea a su gran figura con una estatua que fue erigida cuando se cumplieron doscientos años desde su canonización. Por otro lado, dos de los hosteleros del pueblo han querido también homenajear al autor bautizando sus establecimientos como “Mesón Juan de Yepes” (el nombre real del autor) y “Espacio San Juan de la Cruz”. Más allá de lo literario, Fontiveros cuenta con la iglesia mudéjar de mayor tamaño de toda La Moraña (una iglesia en la que yacen los restos del padre y del hermano de San Juan de la Cruz y en la que fue bautizado el propio autor), mientras que una serie de conventos y ermitas completan el patrimonio de la localidad.
Y de escritor místico a escritora mística, porque otro pueblo de la comarca es el supuesto lugar de nacimiento de Santa Teresa de Jesús, al menos según algunas teorías y tesis. Y pruebas e indicios para pensarlo, no faltan, ya que la partida de nacimiento de la autora no ha podido ser encontrada en Ávila, en el libro de nacimientos de Gotarrendura faltan treinta páginas que precisamente corresponden a la fecha de nacimiento de la autora y además se da la circunstancia de que todos sus hermanos nacieron en Gotarrendura. El pueblo rinde un merecido homenaje a la autora en forma de estatua en la plaza principal, y también hay un palomar que perteneció a la familia de Santa Teresa. A las afueras, una residencia de ancianos lleva también el nombre de la escritora. Otro dato de interés de la pequeña localidad es que fue lugar de paso del cortejo fúnebre de Isabel la Católica.

Además de los municipios y localidades anteriores, en la comarca destacan otros en los que es posible seguir profundizando en el arte mudéjar como Espinosa de los Caballeros o Villanueva de Gómez, Narros de Saldueña (que es conocido por su castillo) o El Oso (un destino interesante para los amantes de la naturaleza por las posibilidades que ofrece para observar aves).
Sergio Gonzalo Rodrigo
Escritor









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