
Como no hay palabras para definir algunos comportamientos, tenemos que inventarlas.
La primera acepción de racismo en el diccionario de la RAE es: “creencia que sostiene la superioridad de un grupo étnico sobre los demás, lo que conduce a la discriminación o persecución social”. Cada día hay un mayor exceso de expresiones que se están instalando con absoluta normalidad en la tertulia diaria y que obedecen a esa definición.
“Los españoles primero” invita al desprecio y al ultraje de toda persona que no sea española por los cuatro costados. ¡Y qué pocos vivimos y trabajamos en el mismo lugar en que nacimos! ¿Los aragoneses primero? ¿Los mirobrigenses primero?
“Si te gustan tanto, acógelos en tu casa”. Es decir, para solucionar el problema del empleo podemos empezar a acoger parados; y así sucesivamente. Entiendo que si acoges y ayudas a un inmigrante la hacienda pública deja de retener la cantidad asignada en tu nómina a ese fin. ¿No?
“Yo no soy racista, pero…”. Esa adversativa, patriota de bandera, te delata: eres racista.
El mal denominado “efecto llamada” viene a minimizar lo que se debería llamar el “efecto huida”, pues nadie quiere abandonar su hogar, su país, si no es por una causa importante: hambre, guerra, explotación,… En realidad, el único efecto que se consigue es aumentar el racismo y la xenofobia como se hace desde posiciones ultras.
“Nos quitan el trabajo”. El trabajo que nos “quitan” es el menos remunerado, el de profesiones menos cualificadas aún teniendo una formación superior a la tarea desempeñada, además de trabajar en sectores donde tan difícil es encontrar mano de obra con ocho apellidos españoles.
El aumento de población en algunas Comunidades Autónomas, dato del que presumen sus gobernantes, se debe precisamente a los inmigrantes; es decir, lo que criticaban ayer lo utilizan hoy para retozarse en las bondades de una gestión que no es tal. Y este aumento de la población, sin duda, aporta cuantiosos beneficios a nivel económico y social.
Además, si te “quita el trabajo” alguien que no conoce tu lengua ni tus costumbres y está totalmente desorientado, posiblemente tu formación y tu voluntad dejen mucho que desear.
Se llega a culpar a los inmigrantes de utilizar los servicios públicos sin asumir costes, incluso de generar listas de espera en la sanidad. Un inmigrante paga con impuestos indirectos, como el IVA, esos servicios cada vez que realiza la compra de un bien o un servicio. Y, considerando que en su mayoría son personas jóvenes, no precisan tanto de las urgencias en los hospitales.
Estaría bien, por un momento, ponerse en el lugar de un inmigrante, de una persona concreta; imaginarnos en un país en guerra o explotados para producir los bienes que consumimos en el primer mundo. ¿Qué haríamos? ¿Acaso no fuimos un país de emigrantes el siglo pasado?
Los estados deben cumplir la ley y garantizar el derecho de asilo y evitar que muchas personas arriesguen su vida para poder vivirla con dignidad. No se trata de caridad, se trata de justicia.

Precisamente, ese derecho de asilo está recogido en el artículo 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Todo lo que se interprete, se comente o se debata más allá de este derecho es racismo y xenofobia.
Se está criticando que los niños que han participado en el sorteo de la lotería de Navidad son negros, a diferencia de los que realizaban esta tarea en otro tiempo. Se publican imágenes para menospreciar, denigrar y vituperar a estos niños. Repugnante. Quienes así actúan se sienten inmunes para escupir todo tipo de improperios contra los niños y las niñas, amparados por ideologías que han venido a salvarnos de casi todo.
Este racismo llevado a su máxima expresión y que solo cabe en mentes abyectas y miserables excede aquella acepción de nuestro diccionario. Por eso, propongo un nuevo término que abarque el contubernio que se está forjando y alimentando en torno a este asunto desde ideologías trasnochadas: “rancismo”. Un racismo rancio, inmisericorde, brutal y despiadado; si es que ya no lo era, claro. Menos mal que los adalides de la patria, en busca de una raza pura e inmaculada, son cristianos.
Dicen.
Javier S. Sánchez
Escritor
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