
MIGUEL ANGEL GUADILLA
Siempre se ha dicho que la Esgueva, cuando viene con agua de sobra, tiende a buscar sus dos antiguos cauces por el centro de la ciudad, y así ocurrió en 1924.
El 27 de marzo de 1924 llovió con tanta intensidad que nuestro Esgueva no solo se salió de su nuevo cauce, además, buscando el recorrido original de sus dos ramales, inundó las calles Paraíso, Marqués del Duero, La Puebla y la Plaza de la Solanilla.
Pero llegó el día siguiente y fue aún peor, más de 400 casas se vieron afectadas, varias se derrumbaron, y más de mil vallisoletanos tuvieron que abandonar sus viviendas y refugiarse en las de familiares y amigos, la mayoría de ellos, si no todos, gente humilde de clase obrera.

Los barrios de Vadillos, Pajarillos Bajos, San Andrés, San Pablo, Santa Clara y San Juan vieron como sus calles se llenaron de agua como si de Venecia se tratara, y a pesar del esfuerzo de los vecinos para frenar el agua con sacos de tierra, piedras, o cualquier otro material que les sirviera, las aguas se hicieron dueñas de las calles y de muchas casas.
Se produjeron grandes socavones, cayeron tapias y casas, como una de dos pisos en la calle Villabáñez, varias en San Andrés y otra junto a la Plaza del Caño Argales.
El edificio de la Beneficencia tuvo que ser desalojado para proteger a los ancianos allí alojados.

La intervención voluntaria de vecinos, los soldados de Intendencia, los de Artillería, la Guardia Civil y la del entonces Cuerpo de Seguridad y Vigilancia Municipal, evitó males mayores ayudando a desalojar casas, recuperar enseres y trasladar vecinos a lugar más seguro.
Finalmente, el día 30 el tiempo mejoró, poco a poco las aguas bajaron y llegó el momento de evaluar daños y del regreso de los vecinos a sus casas para ver como habían quedado después de la inundación.
Una vez más, La Esgueva se había hecho dueña de la ciudad.
Fuentes consultadas:
El Mundo – Diario de Valladolid – Artículo de Enrique Berzal
Hemeroteca de La Vanguardia
El Norte de Castilla
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