
Con motivo del centenario del nacimiento de la gran escritora salmantina Carmen Martín Gaite, Casa del Lector, Fundación Carmen Martín Gaite y Ediciones Siruela, han preparado una muestra expositiva en torno a su obra Visión de Nueva York.
Carmen Martín Gaite, ante el vértigo de imágenes con el que se encuentra en Manhattan, experimenta cómo una narración lineal o secuencial no le basta y acepta el desafío de contar lo simultáneo e inabarcable a través de la técnica del collage, porque Nueva York no se puede captar ni transferir solo con la pluma, se necesitan imágenes y estas corren más deprisa que las palabras, e incluso que los pensamientos, hasta llegar a desplazarlos.
Sin perder detalle ni la capacidad de sorpresa que siempre la caracterizó, la escritora se aventura a cazar instantes por las calles de la gran ciudad y también se las arregla para encontrar la ranura por donde asomarse en el interior de sí misma: “Soy como una mujer de un cuadro de Hopper comiéndome una manzana en soledad”, leemos en uno de sus collages.
Visión de Nueva York responde a la pregunta de cómo convertir en narración el ritmo vertiginoso, cambiante y simultáneo de lo que se perfilaba ante sus ojos y memoria por su periplo norteamericano. Quizá sea su libro con los ojos más abiertos y estos, como las ventanas de Edward Hopper, muestran, se internan y parpadean.
Este diario en libertad de más de 80 collages (fechados entre el 17 de septiembre de 1980 y el 24 de enero de 1981) fue elaborado desde Nueva York (durante su estancia como escritora visitante en Barnard College) hasta Los Ángeles (donde fue a visitar a su amigo José Luis Borau en Sherman Oaks).
La exposición demuestra que el taller literario de Carmen Martín Gaite es mucho más experimental de lo que usualmente se ha considerado y plantea su necesidad de utilizar un lenguaje icónico para acercarse a ese ideal de la narración abierta más próxima al sentir, tan estrechamente vinculado con su posterior ensayo y auténtica clave de bóveda de su obra: El cuento de nunca acabar (apuntes sobre la narración, el amor y la mentira).
La muestra expositiva estará acompañada por un completo programa de talleres (tanto para familias como para adultos), espectáculos dirigidos a estudiantes de segundo ciclo de la ESO, Bachillerato y público general y conferencias con el fin de que el espectador pueda ver con mayores elementos de juicio qué supuso Visión de Nueva York y la técnica del collage en la trayectoria creativa de una de las autoras más relevantes y vigentes de la cultura española contemporánea.
Ficha técnica
Comisario: José Teruel
Organiza: Casa del Lector. Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Fundación Martín Gaite y Ediciones Siruela
Horario: De martes a viernes de 16.00 a 20.30 h. Sábados, domingos y festivos de 11.00 a 14.00 y de 16.30 a 20.30 h.
Duración: hasta el 14 de septiembre de 2025 (agosto cerrado)
Todos los públicos
Espacio: Puentes. Casa del Lector. Matadero Madrid
Entrada: Gratuita
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Algunos datos sobre Carmen Martín Gaite
Carmen Martín Gaite fue una novelista y ensayista salmantina perteneciente a la “Generación de Medio Siglo”.
Nació en la salmantina plaza de los Bandos, en el seno de una familia acomodada. Su padre, José Martín, era notario; viudo de un primer matrimonio, casó con la joven gallega María Gaite, el 19 de mayo de 1923. De esta relación nació Ana María y, al año siguiente, Carmen. En su primera infancia, ninguna de las hermanas fue al colegio y recibieron clases particulares de Dibujo, Idiomas y Cultura General, aunque fue su padre quien, en realidad, le inculcó a la escritora su afición por el arte, la historia y la literatura.
En plena Guerra Civil, cursó sus estudios de bachillerato, y fue en el instituto femenino de Salamanca donde dos profesores, Rafael Lapesa y Salvador Fernández Ramírez, iban a influir decisivamente en su vocación literaria. Tras concluir esta etapa educativa, comenzó en 1943 la carrera de Filología Románica, que culminó con Premio Extraordinario.
Martín Gaite fue una de las autoras más relevantes de la literatura en español del siglo XX. Ganó, entre otros muchos galardones, el Premio Nadal, el Nacional de Literatura el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1988 por, en palabras del jurado, “su larga trayectoria y reconocidos méritos en el terreno de la narrativa española contemporánea, dentro de la cual su obra y su figura tienden un puente entre el realismo de mediados de siglo y el intimismo de la novela más actual, con especial atención a los problemas de la mujer española de todos los tiempos”.
- Miembro de la generación literaria de los 50
Fue la segunda hija de un matrimonio culto y acomodado. Su padre era de Valladolid, y ejercía en Salamanca como notario. Su madre era de Orense, y procedía de una familia de periodistas y profesores. Solían pasar los veranos en el campo, en Galicia, una época de su niñez que ella recordó como idílica y que evocaría en algunas de sus obras como Retahílas.
Su padre era un hombre de ideología liberal y progresista; y para no inscribir a sus hijas en un colegio religioso, las educó en casa, con profesores particulares. Él mismo les enseñó historia y literatura, ya que era un gran apasionado de ambas materias.
Asistió al Instituto Femenino de Salamanca. Recordaría el ambiente gris y opresivo de esa época, en la posguerra, en su novela Entre visillos.
En 1943 inició estudios universitarios de Filosofía y Letras en la Universidad de Salamanca, donde coincidió e hizo amistad con el futuro escritor Ignacio Aldecoa y con el futuro filósofo Agustín García Calvo. También participó como actriz en varias obras de teatro.
Tras licenciarse, pasó un año en el Collège International de Cannes, y sufrió un gran impacto al descubrir una sociedad más abierta y avanzada. Se instaló después en Madrid, donde trabajó como profesora en un colegio femenino.
En paralelo, se introdujo en los círculos literarios de la capital. En 1953 se casó con uno de los principales escritores de su generación, Rafael Sánchez Ferlosio, el autor de El Jarama y Alfanhuí. Tuvieron dos hijos: Miguel, que falleció de meningitis con sólo siete meses, y Marta. Se separarían amistosamente en 1970.
Su carrera literaria se inició en 1954 con El balneario (1954), Premio Café Gijón. Tres años más tarde logró grandes elogios con Entre visillos (1957), Premio Nadal.
Además de literatura, publicó libros a medio camino entre la sociología y la historia como Usos amorosos del dieciocho en España y Usos amorosos de la posguerra española (1987); guiones de series de televisión como Santa Teresa de Jesús (1982) y Celia (1989) y traducciones de autores que admirada como Charlotte y Emily Brontë, Primo Levi, Virginia Woolf y Natalia Ginzburg.
Cultivó una larga amistad con el escritor Juan Benet. Su correspondencia, que ha sido publicada, es un importantísimo testimonio de su vida, sus inquietudes y su época. Falleció en el 2000, tras serle diagnosticado un cáncer.
Curiosidades sobre Carmen Martín Gaite
- ¿Cuáles son las obras más destacadas de Carmen Martín Gaite?
-Entre visillos (1958)
-Retahílas (1974)
-El cuarto de atrás (1978)
- Caperucita en Manhattan (1990)
-Nubosidad variable (1992)
-La reina de las nieves (1994)
-Lo raro es vivir (1996)
- ¿Qué le pasó a la hija de Carmen Martín Gaite?
Falleció 1985 de Sida.
- ¿Cómo escribía Carmen Martín Gaite?
“Necesito, al menos, dos años para terminar una novela. Además no tengo por qué escribirla de corrido. Tomo notas en mis cuadernos sobre un personaje, sobre la sensación que me produce una cosa, un acontecimiento y tal vez, esas notas con el tiempo se convierten en trama…. Creo que la literatura clásica, la llamada literatura clásica tanto española como extranjera. Se lee poco, tal vez porque se obliga en los institutos, pero cuando te acercas a ella, cuando lees a Pío Baroja, por ejemplo, por el gusto de ver cómo maneja la palabra y cómo avanza en el proceso creativo, vas conociendo a la gente que aparece en la novela a través de las pistas que dan otros protagonistas, ese tipo de cosas te las enseñan los grandes. Además de por mi edad, que me ha dado tiempo a leer mucho, siempre he leído mucho porque ha sido mi vicio.”
Caperucita en Manhattan (Cap. 2)
Antes del plano de Manhattan y de los libros de cuentos, el primer regalo que Sara había recibido del rey-librero de Morningside —cuando tenía sólo dos años— fue un rompecabezas enorme. Sus cubos llevaban en cada cara una letra mayúscula diferente, con el dibujo en colores de una flor, fruta o animal cuyo nombre empezara por aquella letra.
Gracias a este rompecabezas, Sara se familiarizó con las vocales y las consonantes, y les tomó cariño, incluso antes de entender para qué servían. Ponía en fila los cubos, les daba la vuelta y combinaba a su capricho las letras que iba distinguiendo unas de otras por aquellos perfiles tan divertidos y peculiares. La E parecía un peine, la S una serpiente, la O un huevo, la X una cruz ladeada, la H una escalera para enanos, la T una antena de televisión, la I una bandera rota.
Era de papel cuadriculado, con rayas rojas a la izquierda, y en él empezó a pintar Sara unos garabatos que imitaban las letras y otros que imitaban muebles, cacharros de cocina, nubes o tejados. No veía diferencia entre dibujar y escribir.Su padre le había dado un cuaderno grande, con tapas duras como de libro, que le había sobrado de llevar las cuentas de la fontanería.
Y más tarde, cuando ya leía y escribía de corrido, siguió pensando lo mismo; o sea que no encontraba razones para diferenciar una cosa de otra. Por eso le gustaban mucho los anuncios luminosos que alternaban imágenes con letreros, marilines monroes apagándose y la marca de un dentífrico encendiéndose, en el mismo alero de un edificio altísimo, alumbrando la noche en un parpadeo que pasaba del oro al verde, casi a la vez. Porque el padre y los dibujos eran hermanos de padre y madre: el padre el lápiz afilado y la madre la imaginación.
Las primeras palabras que escribió Sara en aquel cuaderno de tapas duras que le había dado su padre fueron río, luna y libertad, además de otras más raras que le salían por casualidad, a modo de trabalenguas, mezclando vocales y consonantes…
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