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Revista de Información General sobre la Comunidad de Castilla y León. Única revista dedicada a las nueve provincias de esta región
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Artículos
y Reportajes Conmemorándose
el 4 de septiembre en la República Argentina el Día
del Inmigrante (*), vale recordar el dolor del desarraigo y de
la desvinculación familiar, las penurias, sufrimientos,
y esfuerzo de mujeres y hombres que protagonizaran la emigración
española a tierras americanas, ya que además de
su valor histórico y emotivo, constituye un ejemplo que,
con visión de futuro, abre un panorama pleno de esperanza,
de comprensión, de integración en suma, en una
Iberoamérica realizada y compartida.
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dentro de mi alma te llevo metida, y aunque soy un emigrante jamás en la vida yo podré olvidarte... Con esperanza, buscando mejores horizontes, numerosos españoles salieron de sus pueblos para instalarse en otras tierras, soñando con un mejor futuro. Así, cruzaron el océano, llamados por algún familiar o amigo que los precediera, o por determinación propia, para "hacer las Américas".
Distinta suerte tuvieron de los emigrantes españoles en su viaje a América. Muchos pudieron hacerlo sin mayores inconvenientes. Otros, fueron estafados por delincuentes que operaban en la vecindad de los puertos, aún antes de salir. Algunos, sufriendo penurias en el viaje. Hubo episodios de tendencia de emigración masiva, como el que recogiera la crónica periodística en los primeros años del siglo XX, con relación al pueblo de Boada, cerca de La Fuente de San Esteban, aproximadamente a mitad de camino entre Salamanca y Ciudad Rodrigo. Según la crónica, "...Las tierras del Estado en el término de Boada venían siendo usufructuadas por los vecinos, ya para pastoreo ya para otros usos, y este usufructo contribuía grandemente a la vida del pueblo...". Pero las cosas cambiaron, ya que el Estado tomó posesión de las tierras, las vendió, recaudando el importe correspondiente, que retuvo sin entregar al Ayuntamiento local el porcentaje del caso. Ello produjo malestar en el pueblo, llegando los vecinos a considerar la posibilidad de emigrar en masa a la República Argentina. Uno de ellos ya había intentado hacerlo, acompañado de sus tres hijos, pero en Vigo -que fuera el puerto por excelencia de la emigración salmantina-, fue víctima de un fraude que le hizo imposible el viaje. Al volver al pueblo, contó el engaño sufrido. Con el fin de evitar hechos similares,"...el pueblo resuelto a emigrar, acordó dirigirse al presidente de la República Argentina, exponiéndole su propósito y pidiéndole protección para realizarlo en buenas condiciones". Firmaron la carta el médico, y los secretarios del Ayuntamiento y del Juzgado. La misiva fue comentada por los medios de prensa, y ante opiniones adversas en España, el encargado de la parroquia, la maestra y el maestro del pueblo, dirigieron otra nota al periódico El Imparcial, en la que sostenían, entre otros términos "...que cuando en el país propio hay carencia de medios para trabajar, no es contrario al patriotismo emigrar a otro en que pueda uno conseguirlo...". Hasta 1928, en algunos barcos de diversas banderas las literas de tercera clase carecían de sábanas, llevando únicamente una o dos mantas. Hubo casos en que el emigrante solo disponía de jergones de paja rotos, sin sábanas, ni fundas de almohada; recibiendo comida de mala calidad y sufriendo la falta de ventilación del lugar en que viajaba. A lo largo de esa década (1920-1930) las condiciones de los buques mejoraron notablemente. En 1924, la compañía Red Star Line inauguró un servicio exclusivo de pasajeros de clase única con el vapor "Gothland", sin distinción de categorías, con precio del pasaje similar al que cobraban otras compañías en tercera clase. La Compañía
Hamburgo-Sudamericana anunciaba en el diario "La Prensa",
de Buenos Aires, del domingo 14 de diciembre de 1924,
el arribo de su novísimo barco "Monte Sarmiento",
destinado al transporte de pasajeros de tercera clase, en el
que "...los trabajadores viajan como los utopistas suponían
vivirán en el año 2000...". En 1930, Ibarra
y Compañía, promocionaba el viaje inaugural del
"Cabo San Antonio", dotado de dos motores diesel, que
realizaba la travesía Cádiz-Río de Janeiro,
en once días, ofreciendo en la tercera clase camarotes
de dos, cuatro y seis plazas, todos sobre la cubierta principal,
provistos de colchones y ropas en perfectas condiciones. En esa
época, también cubrían la línea Mediterráneo-Brasil-Río
de la Plata las motonaves "Cabo Santo Tomé"
y "Cabo "San Agustín", de la misma empresa. Los españoles,
con su templado espíritu y sus marcadas virtudes de fe,
coraje, generosidad e hidalguía, se asentaron en tierras
americanas, engendrando en ellas, abonándolas con su fe,
transmitiéndoles su espiritualidad y aportando su sangre,
honrando a la tierra que los viera nacer, y a España toda;
brindándose generosamente, a la vez, al país que
los recibiera, contribuyendo con fuerza, voluntad y trabajo tesonero
a su desarrollo.
No fue la mayor parte de los emigrantes la que hizo fortuna en tierras americanas. Muchos no lograron más que lo necesario para vivir. Algunos regresaron; otros quedaron para siempre en éste lado del Atlántico, sin tener la dicha de poder volver a ver el pueblo del que salieran. Todos ellos, tanto los que retornaron, como los que no volvieron, dejaron plantado algo de España en tierra americana. Muchos fueron
los españoles que, en las condiciones referidas, llegaran
a la República Argentina. Así, el 11 de diciembre
de 1924, ingresaba en la Dársena Norte del puerto de Buenos
Aires, el buque de bandera alemana "Monte Sarmiento",
de la compañía Hamburgo Sudamericana, culminando
su viaje inaugural al mando del capitán Hans Meyer. En
él, llegaban 1600 viajeros, casi todos embarcados en A
Coruña y Vigo. Entre ellos, lo hacía para afincarse
definitivamente en Buenos Aires, un grupo familiar para el que
guardo entrañables sentimientos: el de mis abuelos maternos
con sus hijos, procedentes de la salmantina villa de Santiago
de la Puebla; cuyos descendientes -tres generaciones nacidas
en América-, seguimos conservando, con honra, la nacionalidad
española. Antes que ellos, hacia 1890, también
lo habían hecho dos de mis bisabuelos (padres de mi abuela
por línea paterna), originarios de Andalucía. En la actualidad, la situación de la emigración ha variado sustancialmente. Son ahora escasos los españoles que fijan residencia fuera de España. Ninguno sale de la patria por causas políticas, religiosas, o ideológicas; algunos lo hacen de forma transitoria, por razones económicas o laborales, sin intención de fijar su residencia en el extranjero. España, que fuera un país exportador de mano de obra, recibe ahora la que procede del hemisferio sur y la inmigración ilegal se ha convertido en un problema nacional que requiere especial atención. El saldo migratorio actual es negativo; ha cesado la corriente migratoria desde España. Actualmente no es la emigración la nota distintiva de la presencia de España en el exterior. Ahora exporta tecnología, realiza inversiones externas, y brinda manifestaciones culturales en todas las ramas del arte y ciencia, siendo estas las nuevas formas de presencia española en el mundo. Sirva lo expuesto como sincero y merecido homenaje a todos los españoles que, enfrentando el dolor y las penas de la emigración, fueran a radicarse en lejanas tierras, contribuyendo con su esfuerzo a crear una cultura de integración y solidaridad y, extensivamente, a los argentinos e iberoamericanos que ahora se ven obligados por razones circunstanciales a cruzar el Atlántico en sentido inverso. Sin olvidar a quienes, permaneciendo en la tierra de origen, sufrieron y sufren la ausencia de aquellos. Al concluir, lo hago evocando las palabras de S.M. D. Alfonso XIII, que el 4 de marzo de 1908 escribía en Sevilla: "Los que lejos de su patria trabajan por ella, honran la memoria de sus padres, y labran el porvenir de sus hijos". Enrique
F. Widmann-Miguel - IberInfo (www.iberinfo.com.ar)
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