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Revista de Información General sobre la Comunidad de Castilla y León. Única revista dedicada a las nueve provincias de esta región
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Artículos
y Reportajes Entre 1520
y 1522 las comunidades surgidas de la unión de villas
y ciudades castellanas reaccionaron contra las pretensiones absolutistas
de la monarquía, alzándose en defensa y sostén
de las libertades municipales. Juana I de
Castilla siguió siendo formalmente reina y su nombre figuraba
en primer lugar en los documentos, aunque permanecía alejada
de toda actividad política, en el retiro de su residencia
de Tordesillas (Valladolid) El 4 de noviembre del mismo año, Carlos se entrevista con su madre, a la sazón recluida en Tordesillas. Cuatro días más tarde, el 8 de noviembre de 1517, fallece en Roa (Burgos) Francisco Jiménez de Cisneros (el Cardenal Cisneros), regente del Reino. No había transcurrido una semana cuando, el 14 de noviembre, Carlos naturalizaba castellano a un sobrino de Guillermo de Croÿ, de veinte años de edad, haciéndolo poco después arzobispo de Toledo, como sucesor del Cardenal Cisneros, colocándole al frente de la Iglesia Castellana. Al mismo tiempo, inescrupulosamente los flamencos se repartían los cargos y beneficios. El 2 de febrero de 1518 las Cortes de Castilla se reunieron en la iglesia de San Pablo, de Valladolid donde, el día 7 de febrero, Carlos jura los fueros y libertades de Castilla, trasladándose el 22 de febrero a Aragón. El 12 de enero de 1519 fallecía el Maximiliano I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y, el 28 de junio de dicho año, previo pago de grandes sumas de dinero a los siete príncipes electores alemanes, Carlos era elegido emperador, decidiendo marchar cuanto ante a Alemania. Las ciudades y villas castellanas, celosas defensoras de sus privilegios y costumbres, se vieron enfrentadas a la política centralista del Imperio, a la que se sumaron el mal gobierno y el acaparamiento de los principales cargos administrativos por los flamencos. El descontento que cunde en Castilla cristaliza. El regimiento (cuerpo de regidores) de Toledo toma entonces la iniciativa de una campaña nacional, primero contra los impuestos que la corte pretende subir para sufragar los gastos de la coronación imperial y luego contra la misma política imperial. El 7 de noviembre de 1519 Toledo se dirige por escrito a las demás ciudades castellanas, expresando su malestar. A principios de 1520 se produce el llamamiento a Cortes. El 19 de febrero de 1520 Carlos I se dirige por escrito a la ciudad de Toledo, prohibiéndole concertar con otras ciudades. En febrero, los conventos de Salamanca redactan un documento, que se envía a todas las ciudades de voz y voto en las Cortes, exponiendo las reivindicaciones de Castilla, manifestándose contra el servicio (impuestos) que el Rey pretende exigir antes de su partida hacia Alemania. Afirmando, también, que Castilla no tiene por qué sufragar los gastos del Imperio, ya que los recursos de Castilla se deben emplear en la defensa exclusiva de la región y no sacrificarse al Imperio, al que tampoco quiere estar sometida (" No es razón Su Cesárea Majestad gaste las rentas destos reinos en las de otros señoríos que tiene, pues cada uno dellos es bastante para sí, y éste no es obligado a ninguno de los otros, ni sujeto ni conquistado ni defendido de gentes extrañas.."). Para concluir expresando que las Comunidades tendrán que tomar la defensa del reino, si el Rey se negara a atender las justas quejas de su pueblo. Carlos ignora tales expresiones y convoca a Cortes. El 27 de febrero de 1520 Toledo se amotina, ya que el pueblo se opone a que los regidores acudan a Galicia, convocados por el Rey para rendir cuentas por la actitud rebelde del Concejo de Toledo. Los toledanos se apoderan del Alcázar, expulsan al corregidor y constituyen una Junta de Gobierno.El 1 de marzo Carlos I retorna a Valladolid. El día 4 los vallisoletanos tratan infructuosamente de impedir que el rey salga para las Cortes de Santiago, convocadas para obtener recursos destinados a hacerse coronar en Alemania. El 31 de marzo se abren las Cortes de Santiago, negándose el acceso a los procuradores de Salamanca, absteniéndose de participar los de Toledo. Entre el 1 y el 4 de abril, en las Cortes de Santiago los procuradores de León, Valladolid, Murcia, Zamora y Madrid se oponen a votar a favor de la posición de Carlos I, para aprobar el servicio o tributo destinado a pagar su coronación en Alemania. Ante ello, Carlos I suspende las Cortes de Santiago, convocándolas nuevamente en La Coruña. El 16 de abril se produce un alzamiento popular en Toledo, siendo ocupado el Alcázar, constituyéndose la primera comunidad con señas propias de poder revolucionario libremente elegido. El 22 de abril se reúnen las Cortes en La Coruña. Tres días más tarde, el 25, se anuncia que cardenal Adriano de Utrecht ha sido nombrado como regente, por el tiempo de ausencia del rey con motivo de su traslado a Alemania. En La Coruña, Carlos I, sobornando y sometiendo a presiones a la mayoría de los procuradores, logra que estos consientan en votar, conforme a sus pretensiones, el servicio buscado, con oposición de los procuradores de Córdoba, Jaén, Madrid, Murcia y Toro y la ausencia de los de Toledo y Salamanca. El 22 de mayo, Carlos embarca en La Coruña, para dirigirse a Flandes y Alemania, dejando como regente a su antiguo preceptor, el cardenal Adriano de Utrecht. Mientras tanto, en Castilla aumenta el descontento popular ante el resultado de las Cortes de La Coruña. El 29 de mayo estalla la rebelión del pueblo en Segovia, encabezado por Juan Bravo, siendo ahorcados dos alguaciles. Al día siguiente, 30 de mayo, el procurador por Segovia Rodrigo de Tordesillas que, pese al juramento prestado a sus representados, votara a favor del servicio al rey en las Cortes de La Coruña, fue apaleado en plena calle y ahorcado. El movimiento se fortalece con el aporte de Toledo, liderado por Juan Padilla, sumándose posteriormente Avila, Madrid, Burgos y Cuenca, extendiéndose por los pueblos y ciudades castellanas de las cuencas del Duero y Tajo. Zamora estalla
en revuelta popular el 30 de mayo. El 5 de junio, la población
de Guadalajara asalta la fortaleza e incendia las casas de los
procuradores que representaran a la ciudad ente las Cortes de
La Coruña. Toledo dirige un documento a otras ciudades
castellanas, el 8 de junio, invitando a reunir Cortes en Avila.
Diez días más tarde, el 18 de junio, se alza el
pueblo de Burgos, siendo incendiadas las casas de varios notables,
resultando ajusticiado el francés Joffre de Contannes,
señalado como cómplice de los flamencos. El mismo
día, el regente Adriano de Utrecht designó al alcalde
Rodrigo de Ronquillo reducir a los rebeldes segovianos. Comenzó
la lucha, produciéndose los primeros combates cuando Rodrigo
de Ronquillo, con el apoyo de tropas de caballería e infantería,
pretendiera la entrega de la artillería rebelde y tomar
el control de Segovia. Toledo pone toda una milicia en pie de
guerra, al mando de Juan de Padilla. Madrid decide recaudar un
impuesto especial para comprar armas y reclutar soldados, que
acuden en apoyo de los segovianos, bajo el mando de Juan de Zapata.
Rodrigo de Ronquillo es rechazado y obligado a retirarse hacia
Arévalo. Estos hechos incrementan la reacción contra el cardenal Adriano de Utrecht y el Consejo Real. Muchas ciudades y villas que hasta entonces no habían tomado partido, se unen a Toledo y a la comunidad: Palencia, Cáceres, Badajoz, Sevilla, Jaén, Ubeda, Baeza... El regente,
en una jugada para tratar de acallar la rebelión que día
tras día logra la adhesión de más villas
y ciudades, disuelve el Ejército real y destituye a su
jefe. Los comuneros, encabezados por Juan de Padilla, Juan Bravo
y Juan de Zapata, se trasladan el 29 de agosto a Tordesillas,
donde desde hacía once años vivía recluida
la reina doña Juana. Una semana
mas tarde, el día 10, se reúne por primera vez
en Valladolid la Santa Junta, que designa a Pedro Lasso de la
Vega como jefe de las fuerzas comuneras, pese a la voluntad popular
que se expresara por Juan de Padilla para tal jefatura. Carlos
I firma el 17 de diciembre, en Worms (Renania-Palatinado), una
real orden por la que condena a 249 destacados comuneros. Las
condenas son a muerte para los seglares y otras son las penas
para los clérigos, declarando "
traidores desleales,
rebeldes e infieles a cuantos apoyen a la comunidad
".
Nuevamente al frente de tropas comuneras, el 31 de diciembre
llega Padilla a Valladolid. El 3 de marzo comienza una tregua, que se extiende hasta el día 11. Hacia el fin de la misma, el día 10, el obispo Acuña, que estaba en Alcalá, se dirige a Madrid, camino de Toledo. El 12, llega a Ocaña, y el 29 se presenta discretamente en Toledo. Al tomar conocimiento de ello, las gentes de la ciudad lo llevan triunfalmente a la Catedral, queriendo proclamarle arzobispo. Al día siguiente, 30 de marzo, Acuña mantiene por vez primera una entrevista con doña María de Pacheco, esposa de Juan de Padilla. Los reclamos del pueblo hacen que el 9 de abril los canónigos de Toledo cedan a Acuña el arzobispado de la ciudad. Tras intensos combates, el 12 de abril las tropas reales alcanzan la ciudad de Mora (Toledo), entrando a la misma a sangre y fuego e incendiando la iglesia, en la que perecen calcinados tres mil ancianos, mujeres y niños que en ella habían buscado refugio. El mismo 12 de abril, Acuña ordena movilizar a todos los toledanos con edades entre 15 y 60 años. Al frente de sus fuerzas, sale de Toledo, destruye Villaseca de la Sagra, y estando en Yepes, se entera de los hechos de Mora, decidiendo enfrentar a los realistas responsables de ello. Sale en su persecución, alcanzándolos días más tarde en Illescas, sin lograr derrotarlos. El 15 de abril los realistas alcanzan Peñaflor, a una legua de Torrelobatón donde, desde febrero, permanecían los comuneros al mando de Padilla. El 17 de abril las tropas reales se refuerzan con la llegada del condestable de Castilla y sus hombres. Ante la llegada del ejército real, Padilla decide trasladar sus tropas hacia la fortaleza de Toro. Unos 6.000 comuneros salen de Torrelobatón. El 23 de abril en medio de una intensa lluvia los comuneros son literalmente masacrados por la caballería y lanceros del Conde de Haro, junto a un arroyuelo en las cercanías de Villalar, sufriendo pérdidas que oscilan entre los 200 y 1000 hombres (cifras diversas, según distintas fuentes). El resto se dispersa o son hechos prisioneros. El 24 de abril, sin proceso alguno, los jefes comuneros son condenados a muerte. De madrugada, son decapitados Juan Bravo y Juan de Padilla. Antes de subir al cadalso, Juan de Padilla se dirigió a su camarada Juan Bravo con unas célebres palabras que la tradición ha transmitido hasta nuestros días: "Señor Bravo: ayer era día de pelear como caballero...hoy es día de morir como cristiano". Ante esto, Juan Bravo pidió ser ejecutado antes que Padilla, " para no ver la muerte de tan buen caballero". Horas más tarde, también fue ejecutado y decapitado el salmantino Francisco Maldonado. Como consecuencia de la derrota de Villalar, las Juntas se disolvieron en la mayor parte de las ciudades castellanas. Sólo Toledo, defendida por el obispo Acuña, y por María Pacheco, esposa de Padilla, se mantuvo hasta febrero de 1522. En 1522, Carlos V concedió una amnistía, que no alcanzó a los principales dirigentes comuneros. Aún a fines del siglo XVI, persistían las huellas del conflicto, evidenciadas en las rivalidades de muchas familias castellanas. La ley 3/1986, de 17 de abril de 1986,de las Cortes de Castilla y León declara como Fiesta de la Comunidad Autónoma de Castilla y León el día 23 de abril (Publicada en el Boletín Oficial de Castilla y León (BOCL) Nº 41, de 18 de abril de 1986 y en el Boletín Oficial del Estado (BOE) Nº 94, de 20 de abril de 1987. Cada 23 de
abril, fecha que conmemora la batalla de Villalar, ahora Día
de La Comunidad de Castilla y León, se rememora este hecho.
Enrique
F. Widmann-Miguel |