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Personajes
históricos Isabel La Católica: Elegida por el destino para ser Reina Universal El autor de este trabajo hace una revista de la vida personal y de las aportaciones de Isabel la Católica al devenir histórico de Las Españas, e incluso, de Europa.
Nació el 22 de abril de 1451 en Madrigal de las Altas Torres (Avila). Fue la tercera hija de Juan II de Castilla, miembro de la Casa de Trastámara, hijo del rey castellano Enrique III y de Catalina de Lancaster; siendo su madre Isabel de Portugal, casada en segundas nupcias con Juan II, en 1447, tras la muerte de María de Aragón (primera esposa de aquel), ocurrida el 18 de febrero de 1445. Tras la muerte de su padre, ocurrida el 21 de julio de 1454, en Valladolid, Isabel de Portugal se trasladó a Arévalo, en la comarca abulense de La Moraña, donde transcurrieron los años de la infancia de la futura reina de Castilla, en los que su madre empezara a dar muestra de locura y comenzara la instrucción de la niña. Su hermanastro, el rey Enrique IV, la llevó a su Corte toledana en 1464, otorgándole mercedes y una villa en Casarrubios del Monte (Toledo). Si bien las relaciones entre Isabel y sus hermanos (el Rey y don Alfonso) eran buenas, la situación en la Corte era tensa, ya que la alta nobleza estaba enfrentada entre aquellos que pretendían una monarquía fuerte y los que procuraban tener un rey débil, que solo fuera una figura apta para sus propios intereses, del que pudieran obtener concesiones. En el conflicto, los nobles sublevados buscaron que Enrique IV reconociera como heredero a su hermano, el infante Alfonso, descalificándolo con rumores sobre la ilegitimidad de la paternidad de su hija Juana, nacida en 1463, hija del rey Enrique IV y su segunda esposa, Juana de Portugal; la descalificación surgía del apodo impuesto, 'la Beltraneja', sugiriendo así que su verdadero padre era el valido cortesano Beltrán de la Cueva, originario de Ubeda (Jaén). El enfrentamiento entre el rey y la nobleza alzada, culminó en 1465, con la ceremonia conocida como "la farsa de Ávila", donde Enrique IV fue simbólicamente depuesto en efigie y el infante Alfonso proclamado rey. Enrique IV consiguió salvar la situación, aunque subsistió la rivalidad. Presa de la Historia: Es nombrada Princesa de Asturias y legítima heredera de la Corona Isabel, al margen de los hechos, entra en escena tras la muerte de Alfonso, en 1468, cuando sus partidarios la postulan como sucesora de la corona, con el objetivo de contar con una persona que fácilmente respondiera a sus intereses. Los nobles en rebeldía contra Enrique IV habían pretendido proclamar reina a Isabel, pero la infanta prefirió pactar con su hermano. En este marco, en el cerro de Guisando, junto al grupo escultórico de los toros, situado en las cercanías de la actual localidad de El Tiemblo (Avila), el 18 de septiembre de 1468 se llega a un acuerdo entre el rey de Castilla Enrique IV y su hermana Isabel. Por el mismo, la última fue reconocida como heredera de los reinos de Castilla y León (la Corona de Castilla). Isabel pasó a ser princesa de Asturias, recibiendo importante patrimonio, debiendo casarse con el consentimiento previo del rey. Así, aunque Enrique IV no declarara la ilegitimidad de su hija Juana, la excluía de la línea sucesoria. Ya admitida como princesa de Asturias, Isabel debe elegir marido. Para este matrimonio, donde los intereses en juego son muchos, varios son los candidatos: Alfonso V de Portugal; don Pedro Girón, maestre de Calatrava, y Fernando de Aragón, heredero de la corona vecina a la de Castilla. Isabel constituye su casa en Ocaña (Toledo), donde Fernando resulta elegido. Elección de marido y matrimonio clandestino en Valladolid: Desheredada por el Rey Enrique IV Contraen matrimonio en Valladolid, el 19 de octubre de 1469; para ello, el arzobispo Carrillo presenta una bula papal falsa, ya que teniendo ambos contrayentes como antepasado común a Juan I de Castilla, eran primos segundos. El matrimonio de Isabel con Fernando de Aragón, provoca la rápida actuación de Enrique IV, quien en 1470 declara ilegal el nombramiento de Isabel como princesa de Asturias reconociendo, a la vez, a su hija Juana como heredera legítima del trono; anulando la Concordia de los Toros de Guisando, al no haberse cumplido lo estipulado por haberse celebrado el matrimonio sin previo consentimiento del rey. Comienza el enfrentamiento entre hermanos. En la primera etapa, Isabel y Fernando, con escasos aliados, se retiran a Medina de Rioseco (Valladolid). La posición de Isabel se fortalece con nuevos aliados: Roma, Borgoña, el País Vasco y, especialmente, la poderosa y noble familia Mendoza y Enrique IV se aviene a negociar, pero fallece en Madrid, en la noche del 11 al 12 de diciembre de 1474, sin hacer testamento. El 13 de diciembre, en Segovia, Isabel se proclama "reina y propietaria de Castilla" aplicando el tratado de los Toros de Guisando. Aunque Fernando de Aragón se consideraba como el más directo sucesor de Enrique IV, por línea de varón, queda como rey consorte, hasta que, en enero de 1475 se firma la Concordia de Segovia entre Isabel I de Castilla y Fernando de Aragón, que delimita las competencias de ambos monarcas. Por dicha sentencia arbitral, se reiteran los derechos de Isabel como "reina y propietaria de Castilla", concediéndose a Fernando plenos poderes que, de hecho, lo equiparan con su esposa, sin perder de vista el objetivo común: la unión definitiva de las coronas de Castilla y Aragón y la consolidación del Estado, que se ha dado en llamar Monarquía Hispánica. En mayo de 1475, poco antes de la guerra con Portugal, Fernando redacta su primer testamento, en el que instituye a la entonces hija única del matrimonio, la infanta Isabel, como su heredera, incluso para Aragón, considerando que la conveniencia de suprimir la cláusula que excluía a las mujeres de la sucesión al torno, según las normas del Reino, disponiéndolo así "por el gran provecho que de los dichos reinos resulta y se sigue de ser así unidos con estos de Castilla y León, que sea un príncipe rey y señor y gobernador de todos ellos". El 7 de febrero de 1475 se convocan Cortes para jurar a la infanta Isabel como princesa heredera, en Madrigal de las Altas Torres (Avila); se inauguraron el 6 de abril y finalizaron el 27 de abril de 1476. Asistieron los delegados de las 17 villas y ciudades entonces representadas en las Cortes: Avila, Burgos, Córdoba, Cuenca, Guadalajara, Jaén León, Madrid, Murcia, Salamanca, Segovia, Sevilla, Soria, Toledo, Toro, Valladolid y Zamora (Granada se incorpora después de la caída del reino nazarí, en 1492). Las Cortes de Madrigal de las Altas Torres tuvieron como particularidad la irregular asistencia de nobles y procuradores, tanto porque algunos poderes de procuración se habían otorgado un año antes, como por la posición tomada por parte del clero y la nobleza, que no aprobaba la jura por Isabel o lisa y llanamente había tomado partido por Juana de Castilla. Aún así, el trabajo de las Cortes fue importante, destacándose la creación de la Santa Hermandad, para terminar con la anarquía hasta entonces existente. En el marco administrativo se tomaron importantes medidas, teniendo como objetivo el control de derechos y tasas de los oficiales de la administración y contaduría. Los procuradores solicitaron que las donaciones y mercedes otorgadas por Enrique IV a partir de 1464 y las que concedieran Isabel y Fernando fueran suprimidas, pero tal petición no fue aprobada, ya que hacerlo sería motivo de enfrentamiento con nobles y caballeros, cuando el apoyo de estos era necesario en esos momentos. De todas formas, adoptaron algunas medidas como recaudación de un único servicio y montazgo cada año, supresión de la facultad de los poseedores de rentas para elegir sobre que impuesto era su voluntad percibirlas, anulación de las mudanzas de las behetrías para convertirse en solariegos, y la revocación de cartas y privilegios para pedir y tomar nuevos portazgos. Desde la Concordia de Segovia, el matrimonio real forma un sólido e indivisible bloque y, con esa fuerza, hacen frente al estallido de la guerra de Sucesión de Castilla que los hechos consumados provocan; teniendo como una de las partes a Isabel y sus partidarios, apoyando la monarquía estable y consolidada, y por la otra a Juana de Castilla y prosélitos, cuyo objetivo era el afianzamiento de sus derechos feudales, desplazando a la monarquía a un plano meramente formal. El enfrentamiento entre ambos bandos se desarrolla entre 1475 y 1479. Portugal y Francia toman parte, apoyando a Juana. Aragón brinda su apoyo a Isabel. Alfonso V de Portugal es derrotado en las cercanías de Toro (Zamora), el 1 de marzo de 1476. La Armada vasca impide que los franceses puedan invadir Guipúzcoa, fortaleciendo la posición de la reina Isabel, aunque por tres años se mantiene la resistencia en tierras extremeñas y andaluzas. El Tratado de Alcáçovas, firmado el 4 de septiembre de 1479 entre el rey de Portugal, Alfonso V, y los reyes Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, pone fin a la contienda. Además de su significación dinástica, el Tratado de Alcáçovas resuelve cuestiones de competencia entre Portugal y Castilla, en cuanto a la exploración del océano Atlántico. Por dicho tratado, Portugal recibió los señoríos de Madeira, Azores, Cabo Verde y Guinea, y Castilla el de las Canarias. Final de la Guerra Civil y nombramiento de Fernando como Rey de Aragón La paz asienta a Isabel en el trono de Castilla. En el mismo año de 1479 muere Juan II de Aragón y Fernando se convierte en rey aragonés, iniciándose la unión dinástica de Castilla y Aragón. El Estado moderno surge en la Península Ibérica. La transformación
se hace evidente. Con la unión dinástica los reinos
de la España medieval se amalgaman en un cuerpo político
con una sola dirección, una sola diplomacia, un solo ejército.
Se reúnen pueblos con lenguas, tradiciones históricas,
costumbres e incluso instituciones distintas; aunque individualmente
conservaron su autonomía administrativa, aplicando sus
propios fueros o leyes, todos ellos quedaban unidos en la persona
del monarca soberano. Las medidas
dictadas por las Cortes robustecían el poder real; entre
ellas, la constitución de la Santa Hermandad, inspirada
en las hermandades ciudadanas, pero con funciones policiales
y judiciales (Madrigal de las Altas Torres, 1476) y la reorganización
del Consejo Real, ampliando las competencias de los corregidores
(Toledo, 1480), además de la regulación de la Hacienda
Real. También se procedió a la revisión
de las mercedes otorgadas a los nobles por Enrique IV; a la incorporación
de los maestrazgos de las Ordenes Militares a la Corona, al nombrar
Gran Maestre a Fernando; al establecimiento en Valladolid de
la Real Chancillería, creando una segunda Chancillería
en Granada (1505). Se formó un ejército permanente,
teniendo como base las Guardias Reales, las milicias urbanas
y la Santa Hermandad. Tres hechos trascendentales se producen en el año 1492, siendo ellos:
La política exterior: Mirando a Europa Estos hechos
son indicativos de la política exterior desarrollada por
los reyes Isabel y Fernando, orientada a extender sus dominios,
afianzando a la Corona como potencia internacional, frente a
Francia. Si bien la política de expansión de Fernando se orientaba hacia el Mediterráneo (Península itálica y Sicilia), con los nuevos aportes la Corona se abría al Atlántico. Por las bulas papales "Inter Caetera" (1493) el papa Alejandro VI brindaba sólido apoyo a la Corona de Castilla. La primera "Inter Caetera" fue despachada en abril, aunque está fechada en 3 de mayo de 1493. Por este documento papal se hicieron dos importantes concesiones en favor de los Reyes Católicos. En primer término, la donación de tierras descubiertas y por descubrir en el mar océano por la parte de occidente "hacia las Indias", siempre que no perteneciesen a ningún príncipe cristiano. En segundo lugar, la concesión de privilegios espirituales u obligación de "adoctrinar a los indígenas y habitantes dichos en la fe católica e imponerlos en las buenas costumbres". La imprecisión del documento hizo que se solicitaran al papa Alejandro VI otra bula. Por la segunda "Inter Caetera", conocida como bula de donación-demarcación, se mantuvo la concesión de islas y tierras 'firmes "descubiertas y por descubrir hacia el occidente y "mediodía" (Sur). Esta bula establecía también reglas de demarcación, fijando una línea divisoria trazada de norte a sur, por el meridiano que pasa a cien leguas de la islas Azores y Cabo Verde, delimitando las zonas de expansión futura de Castilla y Portuga. Además, establecía el efecto retroactivo de los derechos de la Corona de Castilla a la Navidad de 1492, en lugar del 3 de mayo de 1493 de La primera "Inter Caetera", a fin de no convalidar una posible recalada de naves portuguesas que pudiera haber tenido lugar tras la llegada de la expedición de Colón a las nuevas tierras. Asimismo, se prohibía navegar a las Indias a cualquier persona, sin licencia de los Reyes de Castilla, bajo pena de excomunión. El mismo papa, Alejandro VI, otorgó el título de Reyes Católicos a Isabel y Fernando, extensivo a sus herederos. Los Reyes Católicos llegaron a diseñar una política de enlaces para sus hijos, manifiestamente orientada al aislamiento de Francia en Europa.
Desgracias familiares y muerte en Medina del Campo (Valladolid) En los últimos
años del siglo XV se producen una serie de hechos trágicos
para la Familia Real. Los hijos de los reyes Católicos
Juan e Isabel fallecen en 1497 y 1498, respectivamente. Miguel,
hijo de esta última y del rey de Portugal Manuel I el
Afortunado, heredero de las coronas de Portugal por su padre,
Castilla por su abuela y Aragón por su abuelo, también
muere en 1500. Profundamente mortificada por estos hechos que, además de trágicos afectan la sucesión del reino, aumenta la desazón de la reina Isabel I de Castilla que, contemporáneamente, sufría cáncer, falleciendo en el castillo de La Mota (Medina del Campo-Valladolid) el 26 de noviembre de 1504. En su testamento deja como heredera y propietaria de la Corona de Castilla a su hija Juana, pese a las claras señales de enajenación mental que evidenciara y a las tendencias francesas de su marido, Felipe el Hermoso; especificando que en caso de ausencia o incapacidad administrase el reino Fernando II el Católico hasta la mayoría de edad de su nieto Carlos, hijo de la heredera, quien sería rey de España, como Carlos I (1516-1556) y, como Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1519-1558). El cuerpo de doña Isabel fue llevado a Granada donde, junto a su esposo Fernando, descansa en el regio mausoleo realizado por Domenico Fancelli, situado en la Capilla Real granadina. El modelo de
Estado moderno impuesto por los Reyes Católicos aportó
características que perduraron durante toda la época
de los Austrias, hasta los últimos años del siglo
XVII: la supremacía de la Corona como fuente del poder,
asumiendo la dirección del Estado respetando, a la vez,
las características propias de las regiones que la integran,
sin obligarles a someterse a una norma unificadora; una Corona
en la que es posible delegar en señores laicos o eclesiásticos
o en los municipios de realengo prerrogativas importantes, conservando
siempre el control general de la política del Reino por
medio de los consejos, audiencias y chancillerías y, también,
una Corona que elude confiar a las grandes familias nobiliarias
los asuntos de gobierno de mayor importancia, prefiriendo apoyarse
en las clases medias: letrados, hidalgos, clero. Indudablemente,
la llegada de Isabel al trono significó un relevante cambio
de rumbo y así pudo verse desde el principio. Como escribiera en "Doctrinal de príncipes" su contemporáneo, el conquense Diego de Valera, a principios de 1476, con Isabel "algo nuevo empieza en España". (Iberinfo
- Enrique F. Widmann-Miguel, Periodista) |