REVISTA DE CASTILLA Y LEÓN
 
 Pinchando en el mapa podrá ver en google earth a vista de pájaro el territorio de Castilla y León. Necesita tener instalado Google Earth
Contacte
Buscador

 Revista de Información General sobre la Comunidad de Castilla y León. Única revista dedicada a las nueve provincias de esta región
Portada
Agenda
Admón Pública
Cultura
Deportes
Economía
Educación
Sanidad
Transportes
Turismo
Libros
Enlaces
Actualidad regional

Tablón

El tiempo

Loterías Quiniela

Sorteo ONCE

Farmacia de guardia

Tráfico: Incidencias

Tráfico: Regional

Tráfico: Camáras

Tráfico: Ciudades

La Bolsa

Callejero

Noticias Turísticas

Noticias Musicales

Noticias Ambientales

Noticias Sanitarias

Noticias Económicas

Noticias Juveniles

Noticias deportivas

Noticias Tecnológicas

Noticias Culturales

Noticias Transporte

A quien corresponda

Kiosco

Sección dedicada a la Feria de Muestras



PERSONAJES

CENTROS
PERSONAJES

PREMIOS

CASAS REGIONALES

Baltasar Lobo, la escultura por vocación

Vista panorámica de Cerecinos del Campo (Zamora)
La obra de Lobo es un eslabón necesario para entender la transformación de la escultura moderna en su tránsito desde la figuración al informalismo.

El inmenso contingente que Baltasar Lobo, nacido en Cerecinos de Campos (Zamora) en 1910 y fallecido en 1993(París), ha legado a su pueblo y a la humanidad entera, nos sorprende y halaga a partes iguales.

La vida de Baltasar Lobo se había desarrollado en las estrecheces de un ambiente modesto, uno de esos lugares perdidos donde el progreso parecía haberse estancado siglos atrás. De forma abrumadora y hegemónica, en los años treinta, el sector primario seguía destacando en la economía zamorana anclada en un pasado milenario. Las profesiones artesanales siguen siendo muy tradicionales en los pueblos- herreros, carpinteros, zapateros, albañiles, etc. El analfabetismo guarda estrecha relación con las zonas más deprimidas de la provincia, y las clases sociales y grupos dirigentes se estabilizan y perpetúan, bien mediante vínculos familiares; afinidades políticas, bien mediante intereses profesionales, ideológicos, etc. Es en ese escenario donde crece y se desarrolla la vida de Baltasar Lobo. Criado en el taller de carpintería paterno, pronto decide que su profesión será la escultura.

Cuenta con un paisaje de inmensidad oceánica, con pueblos de casas del color del barro donde la tierra es pura geología de vacillares, de yermos paisajes, y cuya luz cegadora suaviza todo. Esas tierras rojizas atraen desde muy pequeño a Baltasar Lobo. La atracción por la materia ha nutrido la vocación escultórica de Lobo; va a convertirse en un compromiso de por vida, de amor y desamor, de olvidos y recuerdos, de vida, muerte y esperanza.

Aquella tierra reseca se iba a transformar en sus manos en una masa blanda y obediente que liga su vida con el sentir universal. Es un querer despuntar de aquel letargo que había postrado aquellas tierras durante siglos y las había dejado estériles, inoperantes. El futuro que se vislumbra es dichoso a los ojos del joven escultor. Su corazón, como el de otros jóvenes intelectuales y soñadores, irradia de esperanza. Nuevos tiempos corren en el discurrir de España. Sus ansias de aprender le llevaran a Madrid. Comienza a estudiar en la Escuela de Bellas Artes, pero pronto descubrirá que sus anhelos de modernidad y de buscar nuevas teorías que le abran sus expectativas como un escultor moderno chocaran con las viejas teorías y practicas de una escuela que lleva siglos sin renovarse. Más tarde el estallido de la Guerra Civil va a irrumpir brutalmente en la vida de Lobo. Este se verá obligado por las circunstancias a un exilio tan doloroso, como vergonzoso, como miles de españoles que deciden salvar su vida cruza la frontera hispano-francesa y decide quedarse en París, ya amenazada del yugo opresor de la incomprensión y la intolerancia humana.

Cuando en 1939 llama a la puerta de Picasso con una carpetilla de dibujos debajo del brazo, puesto que la mayoría de su obra se había perdido durante los bombardeos en España: Muestra unos dibujos que aún conservaban los rasgos decimonónicos de su formación; pero sus ganas de saber y aprender pronto le convertirán en un artista autodidacta, que ve perfilar su estilo en los años cuarenta. Las influencias de Picasso y de París serán decisivas.

Poco a poco, en medio de aquellos tiempos de exaltación de la posguerra, con las que París celebró la recuperación de su libertad patria, escultor, van a acrecentar la formación cultural de Baltasar Lobo. A medida que comienza a tener amistades con otros artistas residentes en París el ánimo de nuestro escultor va a incidir en su creación escultórica. En ese amplio círculo se encontraban los jóvenes existencialistas de Saint-Germain-des-Pres, editores como Maspèro, escritores comprometidos como Marguerite Duras, críticos de arte como Pierre Daix, exiliados sudamericanos como Neruda o Jorge Amado, pintores como Léger, y, por supuesto, veteranos surrealistas. Con sus revistas y sus periódicos como L'Humanité o Les Lettres Françaises, sus reuniones políticas, sus salones literarios, sus galerías de arte, sus reuniones mundanas y sus congresos internacionales dominaban intelectualmente París y toda Europa.

Fue en esta época, donde las amistades y simpatías del París de la posguerra acogían las ideas libertarias de los artistas que habían luchado contra el fascismo, donde se empieza a difundir la obra de Lobo. Esto también conduce a nuestro escultor a una aproximación al Partido Comunista, lo que le llevó a viajar a la Unión Soviética. La decepción sufrida le condujo paulatinamente a alejarse discretamente de las filas del partido.

Pero sobre todo domina en Lobo un compromiso civil, mucho más fuerte que cualquier adscripción política, bajo las formas y temas escultóricos: el predominio del recuerdo de la guerra que había silenciado tantos gritos y aspiraciones, la rudeza de los tiempos y el largo peregrinar de los corazones solitarios dañados para siempre.

El interés por la escultura cicládica y por las formas populares es manifiesto en los primeros años de la década de los cuarenta. Son figuras de pequeño tamaño que afirman su monumentalidad, a la vez que su condición de exvotos. Lobo había superado los criterios académicos de su juventud. Su madurez nacida de la angustia, de la desesperación y de la esperanza convierte a su arte en un arma inteligente y sincera. Con que combatir la atrocidad de aquellos tiempos que habían sesgado tantas ilusiones.

Lobo va a colaborar en diversas iniciativas animadas por el espíritu de fraternidad colectiva, la más conocida, fue la realización con otros artistas españoles y franceses de un mural en el Hospital Psiquiátrico de Sainte-Anne, uno de los más importantes asilos para alienados de París, que estaba reputado como un centro de difusión del art des fous, un ámbito de marginalidad creativa muy atrayente para los círculos surrealistas imperantes en la vida literaria e intelectual parisina.

Tras 1945 el credo surrealista, tan decisivo en el escenario de la vanguardia europea, había perdido su beligerancia política, pero no se abandonó el recuerdo de las locuras colectivas que la guerra infligió ni los sufrimientos mentales que impuso. Se extendió a terrenos relacionados con los mitos y las raíces universales del ser humano, donde la obra escultórica de Lobo y de otros artistas de su generación encontraron un ámbito imaginario muy atrayente. Se impone así una escultura "plutónica", cargada de pensamiento natural, un organicismo presente en la obra de figuras que, aún siendo bien distintas entre sí, comparten el germen del vitalismo, el gusto por lo orgánico y una recuperación de lo antropomórfico, pero nada tiene que ver con lo imitativo.

Su escultura discurre por caminos de creciente abstracción, rondando lo monotemático- la figura femenina, en la que simplifican y crecen las formas, recuerda también el horizonte de Moore y Brancusi, y en su progresiva pérdida de los rasgos anecdóticos recuerda ocasionalmente a los surrealistas.

En sus obras el motivo se "extrae" configurando la figura, el equilibrio entre la masa y el volumen, la materialidad y el peso. El trabajo emergente del bloque constituye el poder escultórico que convierte a Lobo en un clásico moderno.

A Lobo le atraía enormemente el universo de la vida entendida en su pureza biológica y le gustaba visitar exposiciones que organizaba el Museo de Historia Natural sobre los ciclos de la naturaleza, la evolución de las especies o las ciencias naturales, siempre motivado por el afán de comprender el ser original, primigenio. Pero su traducción plástica está lejos de una interpretación meramente imitativa. Lo que Lobo expresa es la imitación figurativa, la copia del modelo no puede ambicionar a ser el propio modelo. Estamos a mediados del siglo XX, dos guerras mundiales, y una guerra civil: la española, han cambiado para siempre los horizontes de la actividad cultural europea.

Lobo sabe que la legalidad de la figura es inalcanzable por los viejos parámetros naturalistas. Su interpretación de lo natural es consciente de la modernidad presente en todas las artes. La belleza absoluta se ha vuelto un concepto estéril.

Su obra es una manera de ver el mundo exterior, es un universo de formas personal donde lo figurativo y abstracto se superponen y contraen. Es una mirada al interior de la actividad vital, una introspección en el ser primario que todos hemos sido.

Baltasar Lobo albergó escultóricamente tres fases en su proceso creador: una etapa infantil, "edad del barro", sucedida por los trabajos adolescentes de la madera, y una "edad de madurez" que le enfrenta a los mármoles y los metales. Por su delicado estado de salud Lobo no llegó a practicar como escultor el trabajo del hierro, pero sí otorgaba un cuidado exquisito a la labor de la fundición, donde se materializaban algunas de sus viejas esculturas, a partir de modelos de yeso, en monumentales esculturas de bronce.

Los silencios que jalonan su biografía son silencios temperamentales, pero también impuestos por una época que hizo callar a muchos españoles, también a Baltasar Lobo, que oprimido por el silencio devino en un grito escultórico universal, pletórico, lleno de vida y de futuro.

Manuela Nieto Quintanilla
Septiembre, 2003

Para cualquier duda o sugerencia sobre esta revista, póngase en contacto con:
revcyl@revcyl.com