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CULTURA POPULAR: POESIA

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JOSÉ MILLET
Poeta de Venezuela

El autor

Profesor Investigador Auxiliar Lic. José Millet
Director del Centro de Investigaciones Socioculturales
Instituto de Cultura del Estado Falcón
Edificio Sta Rosa, Coro, Patrimonio de la Humanidad,
Estado Falcón, República Bolivariana de Venezuela.
teléfono celular: 0416/9602953 y tlf. fijo: 0268/4608164 y 0412/5960330
Email: milletjb2004@yahoo.com y milletjb2007@gmail.com
www.archivocubano.org www.afrocubaweb.com
www.latonoamerica-online

Curriculum vitae:

Datos generales. (Holguín, Cuba, 28.01.1949) Pasaporte No. C438320; CI No. E-84.394.503. Residencia actual: Calle Norte, e/ Toledo y Avenida Manaure (frente al rectorado de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda), Coro, Estado Falcón, República Bolivariana de Venezuela. Teléfonos: 0416/9602953; 0412/5960330 y (058) (Falcón: 0268)/4608164. E-mail: milletjb2007 @gmail.com//milletjb2004@ yahoo.com Web site con publicaciones suyas: www.archivocubano.org // www.afrocubaweb.com//ww.caribenet.info
Escritor, investigador, profesor universitario y crítico de arte.

Filólogo de profesión, ha dedicado sus últimos 26 años de vida a los estudios etnográficos y sociológicos en el área de la cultura popular, especializándose en la temática de las fiestas populares y las religiones tradicionales de base africana y el espiritismo en el Caribe. Hizo estudios de Filosofía en la Universidad de La Habana y se graduó de Licenciado en Letras en la Universidad de Oriente.

Tiene una larga experiencia como docente universitario en su país natal y en otros países. Cientos de estudios, ensayos y artículos suyos han visto la luz en prestigiosas publicaciones periódicas y ha publicado más de diez libros, tanto en Cuba como en otros países. Se desempeñó como Investigador Auxiliar en la Casa del Caribe, prestigiosa institución que fundó y ayudó a categorizar como Centro de Investigaciones por parte del Ministerio de Ciencias, Tecnología y Medio ambiente de la República de Cuba. Ha obtenido premios nacionales en el área de la investigación científica aplicada a las ciencias sociales. Pertenece a varias organizaciones internacionales, como la Association of Caribbean Studies y el Grupo de Estudios Regionales del Consejo Europeo de Investigaciones sobre América Latina (CEISAL) y ha participado en eventos y hecho investigaciones de campo en Europa (tanto oriental como occidental), África, Estados Unidos, América Latina y el Caribe. Actualmente se desempeña como director del Centro de Investigaciones Socioculturales del Instituto de Cultura del Estado Falcón, donde confecciona con su equipo el Atlas Etnográfico del Estado Falcón.

MUESTRA DE SU OBRA POÉTICA

¿De qué murió Cos Causse?

Cos Causse murió del último trovador
de la alegría incontenible de su violín roto
de los  arrebatos de su guitarra antigua
que sólo quería cantar una canción gitana
de ir de voz en voz musitando una copla,
de bar en bar pregonando la nueva buena
de esquina en esquina al rancio estilo santiaguero
para simplemente decirle a la piedra que vio tocar 
a Chano Pozo en Martí y Moncada:
aquí estoy yo, toqué y me fui sin decir nada.
Cos Causse murió de lo que mueren los buena gente: de muerte natural
de los cuidados de las Glorias, las Isabelitas y las Madelines y Alinas
que lo atendían después de que todos habían terminado la jornada laboral
para vigilarlo en esa soledad acompañada de seres ignotos
las que lo alimentaban como a bebé recién nacido  y le saneaban 
cuidadosamente y echaban colonia Menen por todas sus costillas

Es así que el cronista dice que Cos Causse murió de cotidianidad citadina
de horas conversando con el mismo espejo y con el mismo vaso de ayer
de diálogos interminables con sus humildes cubiertos que no chistaban
o de no querer otra comida que el respeto a un hombre sencillo
que lo mostraba como el título académico más alto
obtenido en la universidad del trato afable con todos los vecinos del barrio

Cos Causse murió de niñez, de ser niño en cada uno de sus actos
de ángeles volando entre flores olorosas a inexistencia
de ausencia de liquidez en el concepto y en el verbo que no sabía emplear
de belleza poética que le salía fácil e incrustaba en las sienes
de tantos soles y girasoles a lo Van Goh juntados en el único jarrón que
faltó en el instante preciso  de demasiadas alboradas contadas y vueltas
a contar para tragárselas en un fugaz suspiro y de las innumerables muchachas 
que enamoró a un tiempo también murió Cos Causse.

Después de haber estudiado científicamente la historia clínica que me
pasaron por internet he descubierto, al cabo de tanto tiempo, de lo que 
moriría Jesús Cos Causse:

Cos Causse murió así de simple, de demasiado Cos Causse en el alma
no señor, no de cañaclara como se ha insinuado en el informe
ni mucho menos del sutil humo de los buenos habanos que fumaba a escondidas
ni de nocturnidades tan seguidas ni de mujeres en cada país y pueblo ni de
frugalidad en el uso del plato (porque el mejor pan--me dijo poco antes de expirar--
está en el perfume pasajero de las flores..)

no murió de nada de eso, sino del amor venenoso que había en aquel poema que
tardó en salir más de lo debido lo que se traducía en su lenguaje como 
una puñalada en ese costado tan sensible,
en la palabra que no llegó a tiempo para escribir su propia crónica
anunciada y fue suficiente para que su Rocinante exhalara su acostumbrado 
relincho de combate.

Cos Causse murió de poesía, como él solo quiso morir: recostado a un libro
de versos en vez de a un salmo, en efecto la poseía le brotaba por todos 
los lados como manantial de la serranía,
crecía por todo el cuerpo y de ella vivía, hizo un modus vivendi y con ella
vivía y con ella comía para alimentarse
y con ella se acostaba y se dormía y se despertaba e iba por todos los
rincones del universo
sin carta de presentación títulos nobiliarios ni ningún tipo de protocolo.
Se paseó por donde quiera de brazos de esa chica bohemia que algunos
llamaban Loca.

Es inexacto por tanto el informe forense que me enviaron por email:
Cos Causse no murió de delgadez extrema porque esa era y será la figura del
Quijote, ni de añoranza de los versos libres que ya no podrá escribir
ni de desesperanza porque no pudo impedir a tiempo
que se marcharan a no sabía qué extraña mansión de luz
tantos entrañables hermanos que compartían con él la mesa
sí, de una vez, y en corto tiempo y juntos, lo peor sin consultárselo ni
despedirse...
¿con quién iba a conversar entonces cuando se despertara
o en las tardes soleadas de la Casa del Caribe con quien iba a compartir?
Cos Causse se enfadó mucho esta vez y decidió trotar con su lanza romántica
a rescatar a sus amigos perdidos.

Cos Causse entonces murió del denominado Mal Caribe:
de ese afán quijotesco de cobijar a todos en un barco ebrio, a lo Rimbaud,
desafiando la furia de las olas y el frío penetrante de las madrugadas
de saludar nostálgicas sirenas y de combatir a esos temibles gigantes
de las siete leguas con harta intrepidez para una humanidad
tan leve y luminosa como la suya.

Cos Causse murió de lo que debía morir:
de esa luz que ventilaba sus estrechos pulmones
de generosa amistad profesada a toda costa, a costa de sí y de su jumento,
de imborrables recuerdos de aquellos primeros tiempos combatientes,
de Wldosleyvas, Carraleros, Guarioneces, Augustostorres y Luisdíaz, cada
cual con su guitarra, de aquellos tiempos pasados en los que 
gustaba permanecer anclado.

Más bien me dice una musa: Cos Causse murió de Santiago:
de esa enfermedad que se le pegó en el pecho
y le impedía dormir y comer y bañarse
porque ese mal de la patria chica es como una sanguijuela
que se te pega al cuerpo y al lama y nunca te abandona hasta
que cierras el último párpado también de adorar por esa razón 
terruñera a su madre y a sus hijos y a todos sus deudos
que anhelaba apresar en un solo verso, como se tiene lo que
se quiere en un puño de no poder saludar a rafael cuando caminaba
por las calles de Madre Vieja ni a Ulloa ni a Millet ni a Ivonne ni a 
Isabelita cuando abría la puerta para dejar entrar la luz
o cuando se despertaba soñoliento de aquel lecho en el 
que amaba escribir su despedida.

Bueno, después de un análisis exhaustivo, realmente desconozco de qué pudo
morir Cos Causse o estoy dudando de si realmente murió...
¿o no será acaso otra de sus acostumbradas trapalecerías para convencernos
de que ha muerto hechas con tanta frecuencia para aparecerse luego 
con su sonrisa pícara pidiendo cualquiera de las cosas que apetecía degustar
ante nuestro asombro o sencillamente para escapar 
furtivo en el alas de su mejor verso?

(Coro, agosto 26.2007.)

"¡Ya no hay flor!", escribió José Martí en su Diario
de campaña (De Cabo Haitiano a Dos Ríos), cuando (muy
cerca él también de la muerte) recibió la noticia de
la caída en combate del general Flor Crombet. Hoy, 23
de agosto, al recibir la noticia, no por esperada,
menos dolorosa, de la "desaparición física" de Jesús
Cos Causse, no he podido menos que decir, recordando
al apóstol, ¡Ya no hay Jesús!.

Fueron dos "Mayores generales" de Santiago de Cuba,
uno dela independencia, otro de la poesía, que al
morir, cada uno en su tiempo y su destino, dejaron una
huella profunda en el alma de la nación cubana y en el
imaginario colectivo de su pueblo.

Se habla de Jesús, como el Quijote negro del Caribe,
en alusión a que su "fina estampa" (alto, delgado,
frente despejada y barbilla incipiente)lo asemejaba
físicamente con el último de los caballeros andantes,
pero su quijotismo incorporaba, no sólo virtudes del
Quijote original (desinterés, valentía, defensa de los
humildes y desheredados de la fortuna), sino también
de su fiel escudero Sancho (modestia, lealtad,
realismo, sentido del humor, picardía...).

Poeta natural de esos que como Heredia o Martí nacen
cada cien o cada 50 años, Jesús Cos Causse, como en el
poema "El apellido" de Nicolás Guillén, bien pudiera
llamarse Jesús Manzano, Jesús de la Concepción Valdés,
Jesús Garay, Jesús Matamoros, Jesús Eluard, Jesús
Moré, Jesús Roumain, Jesús Alexis, Jesús Golomón,
Jesús Soleiman.

Ha muerto Jesús Cos Causse. ¡Ya no hay Jesús!, pero
todos los días al visitar el Patio de la Casa del
Caribe, de la Casa de Heredia, de la "Jutia Conga", o
cualquiera de las Capitales, ciudades y "Niagaras" del
Caribe y el mundo, donde amó a una mujer, escribió o
leyó un poema, y se tomó un largo trago doble de ron
o de aguardiente, lo encontraremos "a bordo, ligero de
equipaje", con su escarapela de juguete de antiguo
emperador haitiano, su guayabera caribeña y su amplia
sonrisa, rodeado de luciernas y amigos.

¡Ya no hay Jesús!, pero en su natural despedida, "en
un carro de hojas verdes", lo acompañan las palmeras
de Alto Songo y de Bayamo, las flores de Virama, los
Guijes del Cauto, las yagrumas de la Sierra Maestra,
los bambues de San Luis y de La Maya, los algarrobos
de Pilón del Cauto y de Barrancas, los luases del Toa
y del Artibonique.

Estoy convencido, de que si ahora mismo, en cualquier
momento, entramos al patio de "su casa", la Casa del
Caribe, lo encontraremos debajo de los mangos casi
centenarios, conversando con sus intimos amigos.

Con Jorge Luis Hernández, habla sobre "el día que el
caballo de Fresneda relinchó en la Calle Heredia",
con Vicente Portuondo, sobre los misterios del Petró,
el Radá y el Palo monte, con Joel James sobre
Mckandal, Paulina Bonaparte y los secretos del "Reino
de éste mundo, con María Nelsa Trincado, sobre los
últimos arahuacos de Yateras, las cenizas de Hatuey y
los conjuros tainos del tabaco. Con Rogelio Meneses
sobre "el día en que Santiago Apóstol puso los pies en
la tierra, y con Julian Mateo, sobre el libro perdido
de Aristóteles y el Nombre de la rosa.

¡Ya no hay Jesús!, pero no es cierto. Es un niño pobre
y sin juguetes que juega en los solares de Santiago,
con pelotas de cartón y emperadores filatélicos. Ha
pedido ¡Tiempo!, con las bases llenas. Se ha ido, es
verdad, pero por un momento.
Enseguida regresa.

Como a papá Lebgá, como a Guillén, como al otro Jesús
(el de las cañas), lo hemos visto pasar una clara
mañana de agosto, entre el mar y la montaña, montado
"en su caballo de agua y humo".

Ariel James Figarola

 

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